miércoles, 15 de enero de 2014

Cartas de un extraño


"Siento que al fin se acerca, la infame creación que iba tomando forma en mi cabeza. La presiento como una Verdad voraz que en las esquinas más oscuras acecha bajo capa negra. Me espía siempre escondida desde los pliegues espacio temporales de mi conciencia, esperando en silencio, y cuando la busco, huye presta. 

Al principio su presencia me infundía terror y un latigazo atroz me sacudía el cuerpo cuando creía distinguir entre sombras su silueta, mas luego me di cuenta de que las miserias de mi existencia me ligaban más a ella. Y cuando el peso del sufrimiento me hacía clavar en el suelo las rodillas, mi mente lúcida buscaba con desesperación su profana estela.

En el abismo vagué bajo la iracunda mirada de una hoz argéntea, y discerní la yerma infinidad de sus tinieblas. Cual estadio profético, me dije que aquello era el reflejo de lo que mi mísera vida era, una absoluta ausencia, vacía y abyecta. La soledad acerba me torturó y tendida en mi lecho caí enferma.

En mis noches de delirio ya no distinguía si dormía o bien soñaba despierta. No había descanso para mi razón atormentada, pues durante el día la luz me quemaba y por la noche de la angustia era presa. Reducidos a polvo, sabia que de los viejos lazos nada queda, y la certeza de este total abandono me abocó finalmente a mi condena.

Entonces la llamé, entre gritos y llantos, y le supliqué que me llevara con ella. Intenté todo tipo de tretas para atraerla y mis manos cometieron las peores afrentas, hasta que de mi garganta ya no salió voz y mi piel no pudo dar cobijo a más señas.
Tras largo tiempo de frustración, de la pena sufrida amargos años, en última instancia la muerte se apiadó de mi, abrió su manto, y con ferviente anhelo... me recogió, como una vieja amiga, en sus brazos."

Arinya


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