viernes, 12 de abril de 2013

Apologías vol. VI


Tú, réprobos tus caminos inescrutables
que me abocan sin sustento a la tragedia,
en tus ardientes y continuas pruebas
de desafiar mi integridad y firmeza.

 
Fuiste Tú, Dios, le diste en mi ausencia alas
y serviste su libertad en falsa bandeja de plata;
despojaste de su belleza a una obra de arte
por donde la inspiración decae y la banalidad renace.

 
Tu Voluntad me tiende en su lecho
con muda mordaza y manos atadas
y me obliga a ver salir un sol cada mañana
que me consume en el fulgor de su flamígera mirada.

 
Tú, Dios, me has abandonado,
cedí mi razón al autoengaño,
la mentira se convirtió en tentación y bálsamo,
y ante la revelación de nuevo recaigo.

 
Mi propio cegamiento es falso,
imploré la purgación del dolor con mi sangre,
te ofrecí palpitante y maltrecha mi carne,
y cuando imploré su vuelta, Tú, no escuchaste.
 

El amor saldado con la traición,
Y las creencias cenizas en tus verdades,
Porque sentado en el trono, complaciente y piadoso,
Tú, me abandonaste.
 
Apología al abandono - Arinya
 


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