sábado, 6 de octubre de 2012

Apologías vol. V



La ilusión fútil del recuerdo ya extinguido,
la promesa de palabras despojadas de sentido
y el peso de la mísera existencia en su semblante mohíno.
El veneno le corrompió la piel, déjole desnudo y hastío,
en posesión de un hilo de plata anclado al vacío,
pues condenado a la soledad, de nuevo... solo siente frío.

Se arrancaría el corazón para sajar sus suspiros,
y en el fragor de la noche sueña el fin de su ciclo,
pues a la subsistencia no tiene apego un ser cadavérico, muerto.
Dejó de andar erguido para cual serpiente arrastrarse por el suelo,
y es que los días desgarran y embaten como ráfagas de viento.

Así el despertar torna en sufrimiento,
y el tiempo marchita la carne en su avance fiero,
la razón se disipa en los efluvios del enfriamiento
y las palabras destilan imprecaciones contra el afecto.
Y es que al anhelo la distancia aplasta cual martillo de acero.

Yo soy como el réprobo sarmiento que envilece la planta,
e irrevocable a cada instante al dolor sentencio.
Pasto de las frustraciones y gérmen del fracaso,
convertido en un monstruo de sentimiento vano y perverso.
Esparcida la sangre por mis venas fluye ahora el veneno,
de la humanidad enferma que en lugar de la mano tiende su fatídico aliento,
de la perfidez de la lengua que ensalza el falso amor verdadero.

Yo soy la masa purulenta que deja su rastro negro,
en mi presencia el color palidece y la noche cae con capa y filo funesto.
Jamás comprenderá el amor aquel que en entrega de su corazón no se horadó el pecho.
Y me tortura la hipocresía de sus actos egoístas y traicioneros,
el odio me sumerge en el pozo de la repugnancia y el desprecio.

En mis ojos se agolpan imágenes de destrucción y deshecho,
y mis gritos expulsan espinas cuales dagas que desgarran mi cuello,
son mis entrañas de aspecto mortecino e infecto,
de la rosa... pérdida y despojo del pétalo enfermo. 


Apología al enmascaramiento - Arinya