lunes, 20 de agosto de 2012

Apologías vol. IV


Mi cuerpo será para tí el mástil de un violín,
y tus caricias la armonía que el ambiente impregna.
Placer fruto del malsano deseo,
toma mi carne cual manto de acero.
Es el dolor que de mis entrañas brota
y el anhelo que me quema por dentro.

Mitifica mi flanco de atleta,
mortifica mi sufrimiento,
y tus ojos serán la brisa marina
que reanime un corazón muerto.

Hastía la voluntad,
abatida por las dagas de tu entendimiento,
me abandono en tu seno.
Pero te advierto, mi lecho es el veneno
que de las frustraciones segrego.
Tómame, yo, réproba en mi existencia
o bien huye a tiempo.

Pues mis cabellos cuales llamas se enredarán en tu piel
y te consumirá su fuego.
Mis labios corromperán el esplendor de tu alma albina
beso a beso.
Yo soy el vampiro que te despoja de razón
y te condeno con mis siete marcas negras en tu cuello.

No hay Beldad perfecta sino un engañoso sueño.
¿Seré yo tu musa, mi desgraciado poeta?
¿Seré un rastro borrado por la mar en la arena?


Apología al falso ensueño, el vampiro - Arinya
 



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